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El incendio se produjo, y provocó daños importantes. Parte de la nave quedó inutilizada durante varios días y fue necesario paralizar la producción mientras comenzaban las reparaciones.

Hasta ahí, la empresa estaba preparada para afrontar una situación difícil, pero lo inesperado llegó después… Al revisar la documentación, apareció un problema que llevaba años oculto: Las sumas aseguradas seguían correspondiendo a una empresa mucho más pequeña.

Desde la contratación inicial se habían incorporado nuevas máquinas, aumentado existencias, ampliado instalaciones y crecido considerablemente la actividad, pero la póliza apenas había cambiado. El incendio no fue el verdadero problema, el verdadero problema fue descubrir demasiado tarde que la empresa había evolucionado mucho más rápido que su protección.

Situaciones como esta ocurren con más frecuencia de lo que imaginamos. No porque alguien actúe de mala fe, simplemente porque el día a día deja poco espacio para detenerse y revisar aquello que aparentemente funciona.

El riesgo llevaba años creciendo en silencio, el incendio únicamente lo puso de manifiesto.

La mejor forma de evitar situaciones similares no consiste en contratar más seguros, consiste en revisar periódicamente si la fotografía que refleja la póliza sigue pareciéndose a la empresa real. Porque los riesgos importantes casi nunca aparecen de un día para otro, llevan tiempo construyéndose.

Cada empresa cambia a su ritmo, lo importante es que la protección evolucione al mismo tiempo. Revisarla periódicamente es una de las decisiones más rentables que puede tomar cualquier organización.

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