Una póliza puede estar perfectamente en vigor y, sin embargo, haber dejado de reflejar la realidad, es algo más habitual de lo que parece: se reforma un local, se renueva la cocina de casa, se incorpora maquinaria, aumenta el stock, se adquiere nuevo mobiliario o simplemente sube el coste de reconstruir un inmueble.
En todos esos casos, lo asegurado puede valer hoy más de lo que figuraba cuando se contrató el seguro, y esa diferencia tiene un nombre: infraseguro.
El infraseguro se produce cuando el capital declarado en la póliza es inferior al valor real de los bienes asegurados, no significa que el seguro deje de existir ni que, ante un siniestro, no vaya a haber indemnización, pero sí puede afectar de forma importante a la cantidad que se recibe.
En determinados seguros de daños, puede aplicarse la llamada regla proporcional: si se ha asegurado, por ejemplo, el 60 % del valor real, la indemnización podría reducirse en una proporción similar, incluso aunque el daño afecte solo a una parte del bien. Es una situación que suele descubrirse en el peor momento: cuando ya ha ocurrido un incendio, una inundación, un robo o un daño eléctrico.
El error más común: mirar un único valor
No todos los capitales se calculan igual: En una vivienda, por ejemplo, el valor de compra o el precio de venta no son necesariamente la referencia adecuada para el seguro, el continente, la estructura y elementos fijos del inmueble, se relaciona con su coste de reconstrucción, no con su valor de mercado, y el contenido, en cambio, incluye muebles, electrodomésticos, equipos, objetos personales y otros bienes que habría que reponer.
En una empresa sucede algo parecido: El local, la maquinaria, el mobiliario, los equipos informáticos, las existencias y las mejoras realizadas tienen lógicas distintas. Un negocio puede haber crecido gradualmente sin que nadie perciba que su seguro se ha quedado atrás: una nueva línea de producto, más mercancía para una campaña concreta o una reforma que mejora las instalaciones pueden modificar de manera sustancial el riesgo.
No hace falta esperar a una gran inversión
La revisión no debe plantearse solo cuando se compra una nave, se abre una nueva sede o se realiza una reforma integral, a menudo, el desfase se crea poco a poco.
Conviene revisar la póliza si durante el último año se ha producido alguna de estas situaciones:
- Reforma de cocina, baño, instalaciones o acabados de la vivienda.
- Compra de electrodomésticos, mobiliario, tecnología o equipamiento de valor.
- Incorporación de maquinaria, herramientas o equipos profesionales.
- Aumento de stock, especialmente en períodos de mayor actividad.
- Obras de mejora en el local, oficina o nave.
- Cambios en el uso de un inmueble o en la actividad del negocio.
- Subida relevante de los costes de construcción y reposición.
No se trata de sobreasegurar ni de pagar por coberturas innecesarias, se trata de que los capitales estén bien ajustados: ni por debajo de lo que realmente hay, ni por encima sin justificación.
Una revisión breve que puede evitar un problema serio
Un buen punto de partida es hacer un inventario sencillo y actualizado: Revisar los metros construidos, anotar reformas y mejoras, comprobar el valor de reposición de equipos y mobiliario, y considerar el nivel máximo de existencias que se alcanza en los picos de campaña.
Son diez o quince minutos que pueden marcar una diferencia enorme si algún día hay que utilizar el seguro.
En Quality Brokers creemos que una póliza útil no es solo la que se contrata, es la que sigue acompañando la realidad de cada persona, familia o negocio cuando esa realidad cambia. Si ha hecho reformas, ha adquirido bienes relevantes o simplemente hace tiempo que no revisa sus capitales, este puede ser un buen momento para hacerlo con tranquilidad.



