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Una póliza describe una realidad concreta, el problema es que esa realidad cambia continuamente. Las empresas evolucionan, amplían instalaciones, automatizan procesos, contratan personal,… la empresa nunca deja de moverse, sin embargo, muchas pólizas permanecen prácticamente inmóviles, y es ahí donde aparece uno de los errores más frecuentes en la gestión del riesgo: Pensar que el seguro contratado hace años sigue representando fielmente la empresa actual.

Una póliza no protege el pasado, debe proteger el presente, y anticiparse al futuro. Por eso resulta útil imaginar la póliza como una fotografía; la fotografía puede ser excelente, muy nítida y completa, pero sigue mostrando un instante concreto. La empresa en cambio, es una película que continúa avanzando cada día. Cuanto mayor es la diferencia entre ambas, mayor suele ser el riesgo, no porque el seguro sea malo, sino porque describe una realidad que ya no existe.

Revisar periódicamente las coberturas no significa desconfiar del seguro, significa reconocer que la empresa ha cambiado, y adaptar la protección a esa evolución. Porque un programa de seguros no debería revisarse únicamente cuando vence, debería revisarse cada vez que cambia el negocio.

 Si tu empresa ha evolucionado en los últimos años, probablemente también debería hacerlo su programa de seguros. Una revisión periódica permite comprobar que la protección sigue acompañando al crecimiento del negocio.

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